Hoy le di la vuelta al cajón que llenaba toda mi vida. Repasé antiguas fotos que en mi memoria tuvieron sentido pero que hoy no me dicen nada del extraño que sonríe a su lado –al lado de ella—, y que me hace sentir extrañamente mal. Los recuerdos se amontonan a la salida de mi cabeza y se retuercen por mi garganta. Intenté encender la luz pero estaba fundida la lámpara que custodia mi sueño. Y al final me dormí.
Prendí un cigarro porque, después de todo, estaba despierto, y seguí disculpando esas cosas que hace tanto tiempo dejé en el fondo del vaso, irremediablemente roto en una esquina de mi cajón. Y comprendí que desprenderme así de todas aquellas espinas era una locura, porque son toda mi vida...
Castro
lunes, 24 de agosto de 2009
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