Frenazo, coche que acelera, gritos, y mañana nuevas marcas de neumáticos en el asfalto. Lluvia, mucha lluvia, otra noche con el sueño interrumpido, después de toda una vida desperdiciada, sin amigos verdaderos, sin relaciones verdaderas sin nada que perdurase mas allá de tres meses. Pero ese frenazo iba a ser el ultimo, a partir de ese momento y sin que Dylan tuviera conocimiento todo seria distinto para el.
Se despertó al día siguiente con el mismo dolor de cabeza de siempre, un botellín de cerveza a medio caer apoyado en la pared con restos de colillas flotando en el ultimo culo de cerveza, el que siempre se deja, el que te da indicios con su sabor de la resaca que tendrás al día siguiente. Ese día noto como el malestar era distinto menos intenso, quizás no menos intenso, sino pura costumbre, después de dos semanas durmiéndose todas las noches de la misma manera, con ayuda del alcohol, y despertándose destrozado, arrepentido de necesitar beber para dormir, para dormir y olvidar, pero sabiendo que cuando llegue la noche volverá a hacerlo y que todo arrepentimiento sera rechazado, omitido y ahogado en otra botella. Las resacas de cerveza siempre fueron malas, odiosas, el dolor de cabeza solía ser punzante y en la boca tenia el sabor agrio a cerveza barata y una pastosidad que obligaba a beber litros de agua antes de encontrarte medianamente mal. Pero ese martes no hubo tanto dolor de cabeza, el sabor agrio estaba pero, sin dolor de cabeza, era soportable, Dylan se levanto con el presentimiento de que ese día iba a ser importante.
Quintero.
"Ójala y muramos, sí, ójala, y sí, muramos"

No hay comentarios:
Publicar un comentario