sábado, 11 de julio de 2009

QUÉ RITMO TRISTE

Se escucha música de fondo… creo que lo llaman Calamaro. Las ondas entran como desganadas a través de mis oídos como una mujer distante, y no se instalan en mi cerebro, sino que pierden todo el sentido que tenían y retumban por las paredes de mi cabeza, haciéndome sentir culpable por el deber ignorado, por las malas decisiones, por mi repugnante forma de ser. Hoy no desayuné y anoche eran las cuatro de la mañana. Ya estaba muerto entonces. Me bebí dos cervezas, una detrás de otra, y entre trago y trago, aspiraba el humo de un cigarro en decadencia. Como todo. Busqué el abrazo de unas pastillas para dormir que no encontré en la cocina. Busqué el abrazo de mi hembra que no encontré al otro lado de la línea. Su voz me era hostil y extraña. Todo me había dado la espalda, pero aún tenía amigos (aparentemente). No, con total seguridad, aún tengo amigos. Cuando las cervezas y el tabaco se asentaron y la revolución estomacal que habían producido dio lugar al malestar y los sudores -y por ende, a las ganas de dormir-, sonreí. Al fin un poco de paz.

“Señora, qué ritmo triste…”


CASTRO

No hay comentarios:

Publicar un comentario