lunes, 8 de junio de 2009

Denigrante cuento con moraleja

La semana pasada, un conocido lejano dio a su señora madre una lección que jamás olvidará.
Todo empezó una mañana como otra cualquiera. Era jueves, o viernes… ¿qué más da? La situación era simple. Siete y media, una mujer apresurada y necesitada de la increíble fuerza de un hombre capaz de abrir la puerta del garaje (cuya apertura eléctrica se había estropeado) con la fuerza de sus imponentes músculos. A falta de esto, solicitó la ayuda de su hijo, que como buen universitario, no tenía planeado levantarse hasta por lo menos las doce. Hasta ahí todo normal. La problemática se produce cuando el hijo en cuestión escucha el reclamo de su madre, que grita a la seña de: “¡Baja! ¡Corre, que tengo prisa! ¡Que bajes ya, joder!”, produciéndose un intervalo de tiempo entre palabra y palabra para respirar inexistente. Desorientado y maldiciendo a la mujer que lo había traído al mundo y a todas las puertas averiadas del extenso reino canario, el universitario se levantó entre quejidos y balbuceos varios. Entonces lo recordó todo: el calor que hacía esa noche, cómo se había quitado la camiseta empapada de sudor, posteriormente los calcetines… y por último, los calzoncillos. Estaba completamente desnudo con la penetrante voz de su madre taladrándole los tímpanos. A pesar de sus continuos ruegos para que aquella insaciable progenitora cesase por unos momentos sus amenazantes alaridos, decidió bajar tal y como estaba al garaje, donde le aguardaba una sorpresa. En la angosta escalera que conducía al refugio del coche, se cruzó con la mujer de las cuerdas vocales perfectas, su madre, quedando en el mismo escalón que ella a una distancia mínima, incluso peligrosa. “¿Qué haces así?”, preguntó, totalmente atónita. “¿No tenías tanta prisa?”, desafió el descubierto joven. “Pero, ¿tú dormiste así?”. Ante esta pregunta sólo pudo responder: “Sí… es que… eso es moderno… ¿no? Sólo obtuvo risas, crueles risas que lo sumieron en un mar de tristeza, y con un semblante gris como la puerta que tenía que levantar, continuó su tortuoso camino. Segundo obstáculo. Al llegar abajo se dio cuenta de que tenía que subir al capó del imponente Jeep para tirar de un absurdo cable que colgaba del techo y así activar el modo manual de la puerta de la garage (pronunciado “la garash”). Para esta maniobra era necesario adoptar sobre el mencionado capó (ya que era la única manera de llegar al techo) una denigrante postura conocida como “a cuatro patas” y/o “el perrito”. Una vez cumplida mi función… digo, la función de ese misterioso joven, se dispuso a bajar de aquella máquina infernal, pero antes de poder realizar cualquier movimiento, apareció su risueña madre como un ninja en la noche, y dada la situación geográfica de la puerta por donde se entra al garaje y la del coche, cualquiera que hubiera pasado por allí en aquel momento pensaría que aquella mujer que lo había traído al mundo iba a realizarle un tacto rectal con alguna parte de su sorprendida cara. Lo vio al bajar. Era decepción y vergüenza ajena lo que reflejaba su rostro en aquellos momentos. Como colofón final a tan hermosa mañana, la puerta del garaje subía perfectamente, pero volvía a bajar. ¿La solución? Sostenerla con los brazos en alto hasta que mi señora madre, quiero decir, SU señora madre, sacara aquella monstruosidad del garaje (recordar que estaba totalmente desnudo, lo que convierte esa situación en una altamente ridícula). Ah, encima de todo a las siete y media hace frío, lo que produjo el encogimiento de ciertas zonas corporales de las que suelo presumir en condiciones normales. Al irse ni me miró, y suerte que no pasó nadie por la calle, porque entonces sí que hubiera sido verdaderamente ridículo. Aquel día mi madre aprendió una valiosa lección, una lección que nadie debería esperar a que fuera tan tarde, como hizo ella, para aprenderla. Usa condón.
Después cerré la puerta, subí a mi habitación y me volví a acostar. Me desperté a las once y media. Resfriado, por supuesto.

Castro

martes, 2 de junio de 2009

La Hilarante vida de Souza.

15:30- Hora Mongol- Bar Pó y Oté- El mundo, Europa, España(Casi África), Canarias, Teneriffa(Everybody Hands Up!!).

-Hola.
-Hola Souza, ¿Cómo te va caballero andante?.
-Pues bien andando de un lugar para otro, ya me conoces.
-Asi es te conozco.

15:40- Hora Mongol- La Calle- El mundo, Europa, España(Casi África), Canarias, Teneriffa(Everybody Hands Up!!).

-Eyyyyy.
-Hombre, Souza, ¿Qué pasa Muscleman?
-Nada aqui andando de un lugar para otro, ya me conoces.
-Asi es te conozco.

15: 50- Hora Mongol- La calle pero un cacho más "alante"- El mundo, Europa, España(Casi África), Canarias, Teneriffa(Everybody Hands Up!!).

-¿Qué tal?
-Señor Souza, ¿Qué tal está Espuma dorada?
-Bien aqui andando de un lugar para otro, ya me conoces.
-Asi es te conozco.

16:00- Hora Mongol- Un sitio ahí- El mundo, Europa, España(Casi África), Canarias, Teneriffa(Everybody Hands Up!!).

-Cari.
-Souziiiiiii, Te quiero mi vida!!!
-Yo a veces cuando ando de un lugar para otro, ya me conoces.
-Asi es te conozco.

Continuara...

Ojalá y muramos. Sí ojalá y sí muramos.
Quintero.